La oficina moderna ya no se limita a un despacho tradicional ni a espacios diáfanos corporativos. Desde que el trabajo remoto se consolidó durante la etapa COVID y post-COVID, muchos empleados desarrollan su actividad desde casa, bibliotecas, cafeterías concurridas, espacios de coworking e incluso destinos vacacionales. Estos entornos, conocidos como “terceros lugares”, aportan flexibilidad y comodidad, pero también introducen riesgos relevantes para los sistemas informáticos de la empresa.
Con el trabajo remoto como una realidad permanente, las compañías deben adaptar sus políticas de seguridad. Una cafetería no puede tratarse como una oficina corporativa segura: su carácter abierto expone a amenazas muy distintas. Por ello, los empleados necesitan directrices claras para trabajar con seguridad y proteger la información corporativa.
Ignorar los riesgos de las redes Wi-Fi públicas puede tener consecuencias graves. Los ciberdelincuentes suelen centrarse en estos entornos para explotar vulnerabilidades de trabajadores remotos. Formar al equipo, dotarlo de las herramientas adecuadas y aplicar una política sólida de seguridad en redes externas es clave para proteger los datos de la empresa.
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Los peligros de las redes abiertas
El acceso gratuito a Internet es uno de los principales atractivos de cafeterías, centros comerciales, bibliotecas y espacios de coworking. Sin embargo, estas redes rara vez cuentan con cifrado adecuado o medidas de seguridad avanzadas y, aunque lo tengan, no ofrecen los controles que existirían en una red corporativa bien gestionada.
Esto facilita que los atacantes intercepten el tráfico de red y roben contraseñas, correos electrónicos o información sensible en cuestión de segundos. Además, es habitual que los ciberdelincuentes creen redes falsas con nombres como “Wi-Fi Gratis” o con denominaciones similares a las del propio local para engañar a los usuarios. Al conectarse, el atacante puede ver todo lo que el empleado envía y recibe, un escenario típico de ataque “man-in-the-middle”.
Es fundamental indicar a los empleados que nunca confíen en conexiones abiertas. Incluso las redes que requieren contraseña suelen compartirse entre muchos usuarios, lo que supone un riesgo real para los datos empresariales. La prudencia debe ser constante cuando se trabaja desde redes públicas.
Uso obligatorio de redes privadas virtuales (VPN)
La herramienta más eficaz para proteger el trabajo remoto es una VPN. Una Red Privada Virtual cifra todos los datos que salen del dispositivo, creando un túnel seguro a través de Internet público. De este modo, la información resulta ilegible para cualquier tercero que intente espiarla.
Proporcionar una VPN no es opcional en entornos de trabajo remoto: su uso debe ser obligatorio siempre que el empleado esté fuera de la oficina. Es importante que la solución sea sencilla de utilizar, ya que herramientas demasiado complejas suelen acabar siendo ignoradas. Siempre que sea posible, la VPN debería configurarse para que se conecte automáticamente en los dispositivos corporativos, reduciendo errores humanos.
Además, desde el punto de vista del mantenimiento informático, conviene aplicar controles técnicos que impidan acceder a servidores o aplicaciones internas sin una conexión VPN activa.
El riesgo del espionaje visual
Las amenazas no son solo digitales. En espacios públicos, cualquier persona sentada cerca puede ver fácilmente la pantalla de un portátil. El llamado espionaje visual consiste en obtener información simplemente observando, lo que lo convierte en un método sencillo, efectivo y difícil de detectar.
En entornos concurridos, datos de clientes, información financiera o diseños de producto pueden ser vistos e incluso fotografiados sin que el empleado lo perciba. Para reducir este riesgo físico, es recomendable proporcionar filtros de privacidad a los empleados que trabajan en remoto. Estos filtros oscurecen la pantalla desde los laterales, permitiendo que solo la persona situada frente al dispositivo vea el contenido. Algunos equipos incorporan ya esta funcionalidad a nivel de hardware.
Seguridad física de los dispositivos
Dejar un portátil desatendido en un espacio público es una invitación al robo. En una oficina, es habitual alejarse brevemente sin preocuparse, pero en una cafetería esa acción puede suponer la pérdida del equipo en segundos.
La política de trabajo remoto debe insistir en la importancia de la seguridad física. Los empleados deben mantener siempre sus dispositivos bajo control y no confiarlos a desconocidos. Un portátil robado no solo supone un coste económico, sino también un posible acceso a datos corporativos.
Se recomienda el uso de candados de seguridad, especialmente en espacios de coworking donde los empleados permanecen más tiempo en el mismo lugar. Aunque no son infalibles, actúan como elemento disuasorio. Mantener la atención en el entorno es clave para identificar riesgos potenciales.
Gestión de llamadas y conversaciones
Aunque las cafeterías sean ruidosas, las conversaciones pueden escucharse con facilidad. Hablar de asuntos confidenciales en espacios públicos implica un riesgo claro, ya que nunca se sabe quién puede estar escuchando. Información estratégica podría llegar a oídos de competidores o actores malintencionados.
Los empleados deben evitar tratar temas sensibles en estos “terceros lugares”. Si una llamada es imprescindible, lo más recomendable es buscar un espacio privado o incluso salir al exterior. El uso de auriculares evita que otros escuchen a la otra parte, pero no impide que la voz del empleado sea oída.
Definir una política clara de trabajo remoto
Los empleados no deberían tener que improvisar. Una política escrita aclara expectativas, establece normas y facilita la formación y su cumplimiento.
Es importante incluir apartados específicos sobre el uso de Wi-Fi público y la seguridad física de los dispositivos, explicando el motivo de cada norma para fomentar la concienciación. Esta política debe estar fácilmente accesible, por ejemplo, en la intranet corporativa.
Además, conviene revisarla al menos una vez al año. La tecnología y las amenazas evolucionan, y las directrices deben adaptarse a esa realidad. Actualizar y redistribuir la política mantiene viva la cultura de la seguridad.
Empodera a tus equipos remotos
Trabajar desde un “tercer lugar” aporta flexibilidad y mejora la conciliación, pero exige un mayor nivel de vigilancia. La seguridad en redes públicas y la atención al entorno físico no son negociables, y la empresa debe proporcionar a sus empleados los medios necesarios para trabajar de forma segura desde cualquier lugar.
Con las herramientas adecuadas y políticas bien definidas, es posible equilibrar libertad y responsabilidad. Un equipo informado y concienciado es la primera línea de defensa frente a los riesgos. Protege tus datos, estés donde estés.
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